lunes, 23 de octubre de 2017

El sendero de la condenación (relato Mordheim, 6/7)


Escuchad mi canción: ¡ah, como suena mi flauta! Escuchad mi llamada, mortales, y no penséis en lo que os espera en las sombras hacia las que os atrae mi canto de sirena. Venid, hombres, venid, ratas, venid, criaturas de la oscuridad. No oigáis los gritos de aquellos que han marchado por delante de vosotros, no miréis al borde del abismo hacia donde os llevan los pasos de este baile.
Danzad al son de mi flauta, incluso si vuestros pies están en carne viva y sangrando. Sonreíd conmigo, incluso si es la sonrisa de las calaveras y vuestra piel se despelleja. Reíd conmigo, aunque os atragantéis de bilis. Por que todos sois mis marionetas, y os guiaré en una alegre danza.
La alegre danza de la muerte.



VI

Estamos tan cerca, tan cerca...” -susurró Marius para sí mismo. Casi podía sentir la presencia del nigromante, no demasiado lejana, pero oculta a la vista.

¡Contenedlos! -les gritó el Cazador de Brujas a sus hombres.- Encontraré al hereje y lo mataré, y así acabaré con los impíos hechizos que atan a sus criaturas a este reino.”

Mientras se metía en un callejón lateral, Marius volvió la vista. Vio a Hensel trabado con un Zombi,
rechazando sus garras con barridos de su fiable alabarda. Hacia un lado, uno de los Lobos Espectrales, con los ojos brillando con un vigor antinatural, devoraba el cuerpo de uno de los mercenarios, arrancando grandes trozos de carne con sus colmillos como dagas. Lapzig decapitó a uno de los Zombis con su espada, y durante un momento, su cuerpo quedó en pie como si fuese a seguir combatiendo. De su cuello surgió una vaharada de oscuridad y se derrumbó en el suelo, con la magia que le mantenía en la no-muerte disipándose en la niebla. Marius centró de nuevo su atención en Hensel, que estaba en el suelo. Un Zombi le rodeaba el cuello con sus fauces. Hensel todavía combatía débilmente, intentando rechazar a la criatura. Las cosas tomaban mal cariz para los protectores de la humanidad.

Sin pensar en nada más, Marius avanzó esforzando cada sentido para localizar al nigromante, el diablo en forma humana que él conocía como el Mancillado. Sus ojos registraban los edificios en ruinas; sus oídos intentaban detectar algún cántico mientras olfateaba el aire en busca del revelador hedor de la piedra bruja y la tierra de cementerio. Todavía podía oír los gritos de guerra de sus hombres, el entrechocar de las armas a unas cuantas calles de distancia. Los espectrales ecos de la lucha resonaban en los muros derruidos, deformados por la niebla circundante. Mientras trepaba por una pila de piedras, Marius vio cómo el polvo entraba por un agujero bajo las rocas. Apartando unas cuantas piedras, vio un túnel que se hundía bajo sus pies.

Las legendarias catacumbas...” susurró, mientras cogía la lámpara de su mochila y la encendía con
unos cuantos diestros movimientos.

Marius entró cuidadosamente en el agujero y descubrió un túnel bajo reforzado con ladrillos en algunos lugares. Una corriente de agua discurría por el corredor, una evidencia de que el túnel era parte de las alcantarillas de Mordheim. Tapando la lámpara por un momento, Marius miró en cada dirección, intentando decidir qué camino tomar. Creyó ver un débil resplandor a su derecha, y hacia allí se encaminó.

Marius caminó por las alcantarillas durante lo que le pareció una eternidad; pero mientras avanzaba, el resplandor aumentaba hasta que se convirtió en el brillo de unas llamas que se reflejaban en las curvadas paredes del túnel. Atravesando una arcada, el Cazador de Brujas entró en una estancia de alto techo en bóveda donde se cruzaban numerosas alcantarillas. Por toda la caverna había braseros encendidos, y Marius dejó caer su lámpara cuando vio a la figura envuelta en una túnica que le daba la espalda.

¡Mancillado! -rugió Marius- ¡Ha llegado tu condenación!” -La figura se giró, y sus fríos ojos se encontraron con la mirada del Cazador de Brujas mientras éste desenvainaba su sable y cargaba contra el Nigromante. El hechicero se rió y pronunció una palabra de poder, y unos negros rayos de energía surgieron de sus ojos. Marius se echó de un salto hacia un lado y se puso en pie en seguida.

El Nigromante dejó caer al suelo el enorme libro que tenía en las manos, sin duda su maligno grimorio. El Mancillado desenvainó una larga espada de duelo y tomó una postura de esgrima que denotaba una larga práctica.

¿Mi condenación? -dijo con voz rasposa- ¿Qué sabes tú de condenación?”

¡Tu maligno poder no me asusta, demonio!” respondió Marius, efectuando una tirada a fondo que el Nigromante detuvo con facilidad.

¿Poder? Si, hay mucho poder aquí. Eso es lo que me atrajo. Lo que te atrajo. El Caos ha tomado Mordheim para sí, ahora todos somos sus servidores.” El Nigromante se rió, mientras la punta de su florete cortaba el aire justo delante de la cara del Cazador de Brujas.

¡Nunca!” gritó Marius, intentando cortar las piernas del Nigromante, sólo para encontrar la hoja del hechicero bloqueando la suya.

Ya estás atrapado en la red. Has avanzado mucho en el sendero de la oscuridad, ya no puedes dar marcha atrás. Mira todo lo que has hecho y dime que eres mejor que yo ¿Hasta qué profundidades no te has hundido para llevar a cabo tu propósito? Mi magia te puede dar la inmortalidad. Piensa en todas las buenas obras que puedes llegar a realizar si no mueres de viejo.” -El Nigromante dio lentamente una vuelta alrededor de Marius, mientras su espada de duelo dibujaba la figura de un ocho delante de él.

Con un gruñido inarticulado, Marius blandió su sable en un amplio arco, y su pesada arma partió la delgada hoja del florete de su enemigo, cortando su garganta. Con la sangre burbujeando por entre
sus labios, el Nigromante se derrumbó en el suelo.

Marius se agachó y cogió el grimorio. Bufó con desprecio; pensar que estaba corrupto era ridículo. Miró la página por la que estaba abierto el libro. Se titulaba “Sobre Cómo Escapar de las Garras de la Muerte.” Sin darse cuenta de lo que estaba realmente haciendo, Marius empezó a leer. 

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viernes, 20 de octubre de 2017

El sendero de la condenación (relato Mordheim, 5/7)


Escuchad mi canción: ¡ah, como suena mi flauta! Escuchad mi llamada, mortales, y no penséis en lo que os espera en las sombras hacia las que os atrae mi canto de sirena. Venid, hombres, venid, ratas, venid, criaturas de la oscuridad. No oigáis los gritos de aquellos que han marchado por delante de vosotros, no miréis al borde del abismo hacia donde os llevan los pasos de este baile.
Danzad al son de mi flauta, incluso si vuestros pies están en carne viva y sangrando. Sonreíd conmigo, incluso si es la sonrisa de las calaveras y vuestra piel se despelleja. Reíd conmigo, aunque os atragantéis de bilis. Por que todos sois mis marionetas, y os guiaré en una alegre danza.
La alegre danza de la muerte.



V

Lóbrego y legamoso, el río pasaba lentamente bajo el puente de piedra. Mientras Marius miraba por encima del derruido parapeto de piedra, el pálido e hinchado cuerpo de alguna bestia mutante
apareció brevemente sobre su superficie antes de desaparecer rápidamente en sus profundidades.

Nuestra búsqueda casi se ha completado, Hensel, -dijo el Cazador de Brujas, señalando al almacén en ruinas y a los muelles hundidos en la otra ribera del río-. Se dice que el Mancillado y sus lacayos no muertos moran aquí, cerca de la podredumbre del Caos”. -Indicó al miasma que se producía en el lugar de impacto del meteorito. Vapores verdosos teñían la niebla que recorría las callejuelas y se introducían en los rotos cascarones que eran los edificios derrumbados. Aquí la devastación era aún peor, y cuando llegaron a la mitad del amplio puente pudieron ver que este área de la ciudad había sido aplanada a lo largo de muchos cientos de metros por la colosal detonación de la caída del cometa. Detrás suyo escucharon una serie de gritos torturados.

Alguien está metido en problemas. Deberíamos regresar y ayudarle”, sugirió Hensel mientras miraba hacia atrás.

No quiero distracciones ahora. -contestó Marius, con sus ojos firmemente fijados en su objetivo.
Cuando los torturados gritos alcanzaron un aterrorizado crescendo, Marius miró atrás por un breve
momento antes de continuar atravesando el puente -He hecho tanto de lo que odiaba, todo en nombre de Sigmar. He saqueado las ruinas, he utilizado mi espada contra otros hombres. Por los dientes de Sigmar, incluso he vendido fragmentos de esa odiosa piedra bruja para conseguir más hombres y así cumplir mi misión ¡Nada me detendrá ahora!”

En cuanto entraron en los muelles, un extraño murmullo recorrió el aire. Heinrik, que exploraba en
avanzada, dio regreso la carrera, saliendo de la niebla. Tenía los ojos desencajados por el terror y tropezó, cayendo de rodillas. Detrás de él unas sombras surgieron de la niebla. Arrastrando los pies incesantemente apareció un grupo de tres Zombis, impulsando sus retorcidos cuerpos y con los ojos mirando vaciamente hacia arriba.

La piel de los Zombis colgaba de los propios huesos, desgarrados y rotos en algunos lugares. El estómago de una de las criaturas No Muertas había sido desgarrado, y los órganos internos se salían por el agujero brillando con fluidos enfermizos. La cabeza de otro había sido completamente aplastada, y su piel estaba pelada, revelando el hueso machacado. El hedor de los cadáveres pudriéndose llenaba el aire, y el raspar y chasquear de los huesos y los tendones podía oírse junto a los estertores procedentes de los labios muertos de los Zombis.

Un aullido bestial desgarró el aire, y unas cuantas formas lupinas aparecieron detrás del grupo, con
los ojos reluciendo con un brillo rojo.

Mientras el grupo de humanos retrocedía ante los Zombis, los Lobos Espectrales empezaron a rodearlos con un instinto para la caza que les animaba más allá incluso del velo de la muerte. Resonaron unos bajos gruñidos procedentes de sus fauces, mientras se acercaban con sus sucios pellejos brillando con un fulgor sobrenatural. Durante un momento, el grupo se quedó inmóvil por el miedo, antes de que un virote de ballesta surcara el aire para enterrarse en el pecho del Lobo Espectral más cercano. La bestia se derrumbó en el suelo y después se alzó de nuevo, agarrando el astil del virote con los dientes y arrancándoselo con un giro de su cabeza.


Como si se hubiese roto un hechizo, los mercenarios empezaron a actuar. Heinrik empezó a recargar la ballesta, mientras Lapzig y Hensel se abalanzaban contra los Zombis con sus armas preparadas para el ataque. Marius sacó una pistola de su cinturón y apuntó contra el Zombi más cercano. Su dedo apretó el gatillo con fuerza, y por un momento la niebla se iluminó con el resplandor de la pólvora encendida. La bola de plomo entró por el ojo del objetivo del Cazador de Brujas y explotó al salir por la parte trasera de su cabeza podrida, esparciendo sus sesos por toda la calle. La criatura cayó sobre una rodilla, y después levantó la vista hacia Marius con el ojo que le quedaba. El Cazador de Brujas no vio ninguna emoción o pensamiento en aquella mirada, sólo la sumisión absoluta a la voluntad de su controlador. Apuntó con su otra pistola a la rodilla del Zombie dañado, y éste se colapsó en uno de los fétidos charcos que inundaban la calle.

Cuando miró a su alrededor para comprobar cómo se desarrollaba la batalla, Marius detectó un movimiento en una de las callejuelas laterales. Asiendo firmemente su sable, atravesó la niebla a la carrera, enfrentándose cara a cara con uno de los lacayos del Mancillado. Al principio Marius creyó que era otro Zombi. Su piel estaba cubierta de ampollas reventadas y sus ojos eran amarillos y reumáticos. Entonces el Cazador de Brujas se dio cuenta de la chispa de inteligencia en los ojos de su adversario, y éste lanzó un grito demasiado humano mientras blandía una primitiva maza. Marius esquivó con facilidad el torpe ataque y enterró su sable hasta la empuñadura en el estómago de su oponente. Unas uñas rotas arañaron su cara y cuello durante un momento antes de que el hombre muriera finalmente, con su último aliento saliendo de sus labios como un susurro.

Sacando el sable de aquel cuerpo, Marius dio un paso atrás y echó el cuerpo a un lado de un empujón. Se sentía lleno de un sentimiento de triunfo. Pronto mataría al Mancillado y podría abandonar este miserable lugar de locura y podredumbre a los locos e idiotas que proliferaban aquí. 

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jueves, 19 de octubre de 2017

El sendero de la condenación (relato Mordheim, 4/7)


Escuchad mi canción: ¡ah, como suena mi flauta! Escuchad mi llamada, mortales, y no penséis en lo que os espera en las sombras hacia las que os atrae mi canto de sirena. Venid, hombres, venid, ratas, venid, criaturas de la oscuridad. No oigáis los gritos de aquellos que han marchado por delante de vosotros, no miréis al borde del abismo hacia donde os llevan los pasos de este baile.
Danzad al son de mi flauta, incluso si vuestros pies están en carne viva y sangrando. Sonreíd conmigo, incluso si es la sonrisa de las calaveras y vuestra piel se despelleja. Reíd conmigo, aunque os atragantéis de bilis. Por que todos sois mis marionetas, y os guiaré en una alegre danza.
La alegre danza de la muerte.



IV

Todos los que se aprovechan de los despojos del Caos están condenados. Así lo dice el Gran Teogonista Vilgrim Tercero -dijo Marius con vehemencia- ¡No soy ni un ladrón ni un saqueador!”

¡Ya llevamos tres semanas aquí, Marius! -le respondió Hensel amargamente-. Nos hemos quedado sin dinero. Necesitamos más hombres y armas. Por el amor de Sigmar, Marius, ¡moriremos de hambre! - Hensel se detuvo un momento, y en sus ojos oscuros apareció una mirada taimada-. Esa cripta abierta está por aquí, y alguien la encontrará. Otros, menos piadosos que nosotros, estarán buscándola ¿Dejarás que la riqueza del Imperio sea robada por criaturas malvadas u hombres sin ninguna virtud moral? ¡Al menos nosotros la gastaremos en una noble causa!”

Mientras hablaban, Enderlin, uno de los hombres de Lapzig, apareció en la esquina, visiblemente excitado.

Encontramos la casa del mercader ¡La cripta está allí, desde luego!, -les dijo con una sonrisa-. Será mejor que nos demos prisa y nos llevemos el tesoro antes de que haya ningún problema.” -Después de eso salió corriendo, con el Cazador de Brujas y Hensel pisándole los talones.

Enderlin les llevó hasta una estrecha callejuela, completamente cubierta de escombros. En el otro
extremo, donde la callejuela daba a otra callejuela más amplia, había un esqueleto colgando de una jaula, y su metal oxidado rechinaba cuando el cadáver era movido por el viento rancio. La esquina de un edificio cercano se había derrumbado hasta los cimientos, y en la oscuridad del sótano brillaba el oro ante la débil luz del día.

¡Nosotros nos llevaremos eso!” -dijo una voz, y de las sombras surgieron una docena de hombres, algunos armados con ballestas y el resto armados con espadas y lanzas. Todos iban muy bien vestidos, a la manera de los Marienburgueses.

¡No os atreváis a oponeros a mí! -gritó Marius, desenvainando su propia espada-. Me envía el propio Sigmar. Cruzáos en mi camino y estaréis condenados por toda la eternidad. El mundo a nuestro alrededor se halla en conflicto, el Caos ataca los cimientos de nuestra propia tierra, malvadas criaturas acechan en nuestras antaño orgullosas ciudades. Los hombres no deberíamos enfrentarnos entre nosotros en esta época de dificultades, pues ¿no tenemos un enemigo común contra el que combatir?”

De todas maneras, ¡ese oro es nuestro!” -contestó su jefe, indicando a sus hombres que avanzaran.
Entonces, que así sea, ¡estaréis en brazos de la condenación antes de que se ponga el sol!” -replicó Marius, lanzándose al ataque. 

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miércoles, 18 de octubre de 2017

El sendero de la condenación (relato Mordheim, 3/7)


Escuchad mi canción: ¡ah, como suena mi flauta! Escuchad mi llamada, mortales, y no penséis en lo que os espera en las sombras hacia las que os atrae mi canto de sirena. Venid, hombres, venid, ratas, venid, criaturas de la oscuridad. No oigáis los gritos de aquellos que han marchado por delante de vosotros, no miréis al borde del abismo hacia donde os llevan los pasos de este baile.
Danzad al son de mi flauta, incluso si vuestros pies están en carne viva y sangrando. Sonreíd conmigo, incluso si es la sonrisa de las calaveras y vuestra piel se despelleja. Reíd conmigo, aunque os atragantéis de bilis. Por que todos sois mis marionetas, y os guiaré en una alegre danza.
La alegre danza de la muerte.



III

L a enorme roca de Mordheim, coronada por la antigua fortaleza de la ciudad, eclipsaba el poco sol que se filtraba a través de las sempiternas nubes de polvo y ceniza. Cuanto más se adentraban en la ciudad, más destruidos estaban los edificios. Muchos de ellos se habían derrumbado, y las calles estaban llenas de escombros. Aquí y allá se podía ver entre las ruinas la oscura entrada a un sótano, y otras veces se mantenían en pie una escalera o un porche, mientras el resto del edificio era sólo una pila de piedras a su alrededor.

Mientras el grupo avanzaba, una horda de ratas se escurrieron procedentes de un edificio en ruinas, y sus agudos chillidos resonaban en las paredes mientras se agrupaban alrededor de los humanos. Se quedaron mirando llenas de maldad a los humanos mientras chasqueaban sus colas, y sus ojos relucieron antes de desaparecer en el laberinto de grietas. Mientras Lapzig avanzaba dirigiéndoles, Marius creyó ver formas moviéndose entre las sombras. A lo lejos resonó una risa entrecortada, y un repentino soplo de viento atravesó chirriando el retorcido metal de la puerta de una cochera. Durante un segundo, el Cazador de Brujas estuvo seguro de que había visto numerosos pares de ojos amarillos mirándole desde las sombras, pero desaparecieron en un instante.

Los hombres de Lapzig se estaban poniendo cada vez más nerviosos, y el jefe mercenario les indicó que prepararan sus armas. Avanzaron con más cautela, fijándose en las sombras para intentar descubrir al enemigo. De vez en cuando se quedaban inmóviles ante un ruido repentino: una teja que resbalaba, el rumor de escombros asentándose o un ligero ruido rasposo, como una garra arañando el suelo.

De repente, ¡los Skavens atacaron! Marius se encontró cara a cara con uno de los hombres rata donde momentos antes no había nada más que el aire vacío. Blandió una aserrada espada en su dirección, y el Cazador de Brujas saltó a un lado para esquivar el ataque. La criatura llevaba puesta una harapienta capa negra, y su cara estaba cubierta por tiras de lienzo negro con tachones de metal. Marius sacó una de sus pistolas de su cinturón y apretó el gatillo. Con un silbido, la pólvora se encendió y un momento después la pistola disparó, derribando al suelo al Skaven con su brazo convertido en una masa sanguinolenta.

Cuando Marius miró a su alrededor, vio que sus hombres estaban rodeados. Lapzig y uno de sus hombres combatían espalda contra espalda contra tres hombres rata armados con unas burdas lanzas. Lapzig lanzó una estocada a fondo, atravesando el pecho de un Skaven, mientras que otro caía derribado por un golpe de la maza de su compañero. Hensel estaba usando la punta de su alabarda para rechazar los ataques de otro Skaven, que esquivaba y se agachaba ágilmente para evitar los ataques del hombre. Más figuras con capas se unieron al combate, blandiendo espadas y esquivando las flechas con una habilidad casi imposible de creer. Una sombra cayó sobre Marius, y miró hacia arriba justo a tiempo de ver como algo saltaba encima suya desde una ventana vacía. Con un siseo, el Skaven aterrizó limpiamente delante del Cazador de Brujas. Marius disparó su otra pistola, pero la criatura se echó a un lado con facilidad. Con un movimiento más rápido que la vista, echó una zarpa de atrás hacia delante, lanzando algo contra Marius. Apenas le dio tiempo a agacharse cuando algo atravesó su capa y se incrustó en la pared detrás de él. Miró atrás y vio una estrella arrojadiza de tres puntas clavada en la vieja madera, y sus afilados bordes goteando un veneno verde.

¡Muere, engendro de la oscuridad!”, gruñó Marius, desenvainando su sable y cargando contra el Skaven. Tres espadas salieron disparadas para detener el ataque del Cazador de Brujas, una en cada una de las garras del Skaven, y la tercera sostenida por su cola prensil. Marius sacó una daga de su vaina en la cadera izquierda, bloqueando un golpe descendente a escasos centímetros de su rostro. Las armas del Skaven tejieron un dibujo borroso de hierro oxidado, atravesando el espacio entre ellos a una velocidad asombrosa. El aire se llenó del resonar del metal sobre el metal, roto ocasionalmente por el grito de un hombre o un Skaven herido.

M arius se vio obligado a retroceder poco a poco, utilizando toda su habilidad para detener la lluvia de ataques que el Skaven le lanzaba. Pasó a paso retrocedió por el camino, y casi se cayó cuando tropezó con una baldosa rota. Entonces Marius sintió una pared a su espalda, y supo que no podía retroceder más. Sintiendo la victoria, el Skaven lanzó un gruñido y redobló sus esfuerzos, y una de sus espadas atravesó la tela de los pantalones de Marius. Aguantando el dolor de la herida, Marius paró otro feroz golpe.

Con un grito, el Cazador de Brujas aplastó la guarda de la empuñadura de su sable en la cara del enemigo. Aturdido, el Skaven retrocedió trastabillando. Marius dio un paso adelante para rematar a la criatura, pero ésta le dio una patada con uno de sus pies con garras, impactando al Cazador de Brujas en el pecho, haciéndole retroceder hasta la pared. Con una amenazadora mirada final, el Skaven se alejó de un salto, gritando una orden a sus seguidores en su propia lengua. Los Skaven desaparecieron tan rápidamente como habían aparecido, y sólo el ligero rumor de las piedras cayendo de los montones de escombros indicaban la dirección en la que huían.

Marius se apoyó en la pared, y agarrándose la pierna herida dejó caer el sable. Cuando miró a su alrededor, vio que de los diez hombres que le seguían, dos estaban muertos, y sus cuerpos yacían en el polvoriento suelo sobre crecientes charcos de sangre. Hensel se apoyaba pesadamente sobre su alabarda, jadeando en busca de aire, mirando al cadáver de un Skaven con la cabeza partida de un gran tajo. Lapzig parecía indemne. Estaba atendiendo a uno de sus hombres, vendando su brazo. Los otros tenían cortes y arañazos, pero ninguno parecía seriamente herido.

Tenemos que volver a Ladronburgo, hoy no podemos seguir,” -dijo Lapzig, limpiando la sangre de su espada. Marius estaba a punto de discutir, pero repentinamente se mareó. Cayendo al suelo, Marius rechazó el brazo que Hensel le ofrecía.

Sí, regresemos a Ladronburgo. Pero regresaremos ¡Regresaremos!”, juró el Cazador de Brujas entre dientes, antes de que el suelo corriera a su encuentro y cayese la oscuridad. 

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martes, 17 de octubre de 2017

HeroQuest Reforged



Aquí viene la sorpresa en la que he estado trabajando durante los últimos meses: HeroQuest Reforged.

¿Y qué es eso del HeroQuest Reforged? En primer lugar, hablemos del HeroQuest original. Todos recordamos aquella caja negra, el tablero, las miniaturas y los años de infancia y juventud frente a este clásico juego de GW y MB. Personalmente, el HeroQuest fue, por así decirlo, mi puerta de entrada al "mundillo", y aún recuerdo el viejo anuncio: "¡Monstruos, brujos y demonios te persiguen!"



El HeroQuest (1989) fue un éxito mundial, y en muchos países los niños y jóvenes jugaban a este juego de mazmorreo. Pero lo que mucha gente no sabe es que había dos HeroQuest: el que se vendió en España (y en otros países de Europa) y la versión americana (USA y Canadá). La versión americana era bastante diferente en cuanto a la forma de jugar: tenía un nivel de complejidad y de dificultad bastante mayor que su homólogo europeo.

Este HeroQuest Reforged está basado en la versión americana del HeroQuest: las reglas son algo más complejas, los monstruos son más duros y los retos son más difíciles. Mientras que en el HeroQuest europeo un sólo héroe podía acabar los retos sin mucha dificultad, en la versión americana los cuatro héroes necesitaban colaboración entre ellos para completar las aventuras.

HeroQuest Reforged es un remake de la versión americana del HeroQuest, actualizada con algunas nuevas reglas y monstruos. Incluye reglas de experiencia para los héroes, así como tablas para que los héroes disfruten, compren y descansen en una ciudad entre sus aventuras. Los héroes con poderes mágicos tienen acceso a más hechizos (cada uno de los cuatro tacos de hechizos tiene 9 hechizos en lugar de 3, y hay también otros 3 tacos de hechizos avanzados), y se han incluido las reglas y retos de las cuatro expansiones del HeroQuest original: La Torre de Kellar, El Retorno del Lord Brujo, La Horda de Ogros y los Hechiceros de Morcar.

En resumen, una versión completa y actualizada del HeroQuest, al que podéis jugar con el material del HQ clásico, o imprimirlo si no disponéis de él. Espero que lo disfrutéis.

Descargar reglamento HeroQuest Reforged

Descargar Libro de Retos HeroQuest Reforged

Descargar cartas y fichas HeroQuest Reforged

Descargar tablero HeroQuest Reforged



Postdata: ¡Y lo he terminado antes que Dioni el suyo! ;)


lunes, 16 de octubre de 2017

El sendero de la condenación (relato Mordheim, 2/7)


Escuchad mi canción: ¡ah, como suena mi flauta! Escuchad mi llamada, mortales, y no penséis en lo que os espera en las sombras hacia las que os atrae mi canto de sirena. Venid, hombres, venid, ratas, venid, criaturas de la oscuridad. No oigáis los gritos de aquellos que han marchado por delante de vosotros, no miréis al borde del abismo hacia donde os llevan los pasos de este baile.
Danzad al son de mi flauta, incluso si vuestros pies están en carne viva y sangrando. Sonreíd conmigo, incluso si es la sonrisa de las calaveras y vuestra piel se despelleja. Reíd conmigo, aunque os atragantéis de bilis. Por que todos sois mis marionetas, y os guiaré en una alegre danza.
La alegre danza de la muerte.



II

Dos enormes gárgolas estaban sentadas delante del arco en ruinas de la puerta, y miraban burlonamente a Marius y sus mercenarios mientras se aproximaban. Lapzig hizo la señal del sagrado martillo sobre su pecho mientras pasaba entre ellas. El propio muro ya había sido reclamado por la tierra: zarcillos de hiedra crecían por todos lados, y los parches de musgose extendían sobre los antiguos bloques de piedra. Cuando pasaron bajo la sombra de la Puerta de laGárgola, Marius y Hensel vieron realmente la Ciudad de los Condenados por primera vez.

Justo delante de la puerta había una amplia plaza empedrada, y a sus lados se alzaban tiendas, viejas
pero aún en pie. Sus ventanas estaban rotas, habían robado las puertas para hacer leña, incluso los marcos de algunas de ellas habían sido destrozados para obtener un precioso combustible. Los vacíos huecos de las ventanas les miraban como cráneos.

Esto no es nada. Esperad hasta que nos adentremos más, entonces entenderéis lo que le ha ocurrido a este lugar,” -gruñó Lapzig. A una señal de su dedo, uno de sus hombres se adelantó para explorar. Justo entonces, una tos asfixiada reverberó por toda la plaza, y todos se giraron para mirar una figura encorvada que atravesaba cojeando la plaza hacia ellos, envuelto en harapos.

¿Os predigo el futuro, señores? -preguntó el extraño. Sus ojos estaban cubiertos por vendajes manchados de sangre, y una enflaquecida pierna salía en un extraño ángulo de debajo de la desharrapada y sucia túnica blanca del viejo.

¡Alejad a este endemoniado de mí!, -aulló Marius con unos ojos abiertos como platos. Sacó el sable de la vaina y lo blandió ante la cara del pedigüeño.- ¡Adorador de la Oscuridad, voy a atravesarte!”

¡Esperad! -gritó el pedigüeño, alzando una mano huesuda- Mis visiones no proceden del Caos, ¡si no del propio santo Sigmar! -El hombre rebuscó en el interior de su túnica y sacó un desgastado icono de un martillo.- Yo fui sacerdote antaño. Cuando el cielo cayó me saqué los ojos para no ver la maldad a mi alrededor, sólo la gran sabiduría de Sigmar. Él me dice que debéis volveros ahora para salvar vuestra alma. Uno no salta a la condenación, uno camina hacia allí paso a paso.”

Déjame en paz con tus acertijos, desecho -le interrumpió Lapzig, empujando al anciano a un lado-No debemos demorarnos dentro de las murallas demasiado tiempo, ya debe haber otros que saben que estamos aquí.” 

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viernes, 13 de octubre de 2017

El sendero de la condenación (relato Mordheim, 1/7))



Escuchad mi canción: ¡ah, como suena mi flauta! Escuchad mi llamada, mortales, y no penséis en lo que os espera en las sombras hacia las que os atrae mi canto de sirena. Venid, hombres, venid, ratas, venid, criaturas de la oscuridad. No oigáis los gritos de aquellos que han marchado por delante de vosotros, no miréis al borde del abismo hacia donde os llevan los pasos de este baile.
Danzad al son de mi flauta, incluso si vuestros pies están en carne viva y sangrando. Sonreíd conmigo, incluso si es la sonrisa de las calaveras y vuestra piel se despelleja. Reíd conmigo, aunque os atragantéis de bilis. Por que todos sois mis marionetas, y os guiaré en una alegre danza.
La alegre danza de la muerte.




I

El Cazador de Brujas Marius Dire miró desde lo alto de la colina a su punto de destino. Las tierras que se extendían estaban envueltas por el brillo del atardecer y la sempiterna nube sobre Mordheim bloqueaba el paso del sol del crepúsculo. Aquí y allá se veían grupos de bosques de un extremo al otro del horizonte, hasta que terminaban repentinamente a bastantes kilómetros. En la lejanía se podía medio entrever la Ciudad de los Condenados a través de la sombra que producía la nube de humo y polvo que se alzaba sobre la devastada población. Marius se giró hacia su fiel compañero, Hensel, que miraba dubitativo el desolado panorama.

Puedo oler el hedor del Caos, la maligna apestosidad de la impía magia,”escupió el Cazador de Brujas.

¿Estáis seguro de que el Mancillado vino hasta aquí?”preguntó Hensel, agarrando con más fuerza el mango de una baqueteada y vieja alabarda.

Conozco su tipo, -replicó Marius, fijando su pétrea mirada en Hensel.- A lo largo del camino se han profanado tumbas, los campesinos hablan de criaturas medio muertas que azotan sus granjas. Le he perseguido a través de marismas y zarzales, bosques y páramos, y conozco bien su rastro. Lo he expulsado de su maligna madriguera en las Montañas Centrales. Durante ciento setenta y cinco leguas le he perseguido. Le he acosado y hostigado a través de Osterland y Talabecland. Ha venido a Mordheim, ten la seguridad. La atracción del Caos le ha traido hasta aquí.”

La voz de Marius se convirtió en un susurro amargado. “Mi venganza nunca quedará satisfecha hasta que lo haya matado con mis propias manos, ¡hasta que haya cortado su cabeza! ¡Sólo con su sangre puede pagar por la miseria a la que nos ha llevado a mí y a mi familia! ¡Le haré pagar por sus crímenes!”

Mientras ambos continuaban su camino, una ligera brisa llevó hasta ellos el olor a fogatas. Saliendo de la línea de árboles vieron un pequeño asentamiento delante de ellos, y apresuraron sus pasos hacia allí. Había una señal plantada a un lado del camino sobre la hierba agostada, y de ella colgaban tres cráneos de una soga podrida. Al observarlas mejor, se dieron cuenta de que las calaveras eran claramente deformes: una tenía tres cuencas de ojos, otra estaba bastante contrahecha, mientras que la tercera mostraba vestigios de cuernos y dientes como colmillos.

“‘Nido de Asesinos, los viajeros son bienvenidos -leyó Hensel en voz alta.- Suena acogedor.”

El asentamiento en sí consistía en cuatro edificios de piedra, antiguamente una granja y los edificios colindantes por su disposición, todo ello rodeado por numerosas estructuras de madera que se habían construido al azar en los últimos meses. Los pollos recorrían las calles, un chico pequeño guiaba a un grupo de flacas cabras, y unos cuantos cerdos gruñeron a los recién llegados desde detrás de una valla de cuerdas. Un viejo enflaquecido estaba cuidando de la cerda y levantó la
vista con una mirada sospechosa cuando se percató de la presencia de Marius y Hensel.

¿Quién es el que manda aquí?”preguntó Marius mientras miraba de forma amenazadora al porquero.

No lo sé seguro, señor -contestó el campesino, rascándose un forúnculo supurante en el cuello con las uñas rotas y sucias. Bizqueó mientras se concentraba, después carraspeó y escupió- Está Lapzig el Osado, que ha venido desde Altdorf nada menos. Es el que tiene más hombres, así que supongo que es él quien manda. Pero también podríais hablar con Maese Lupos, el más rico de los mercaderes. A Lapzig podéis encontrarlo habitualmente en la cervecería, y el viejo Lupos está al lado de los establos.”El porquero indicó la dirección aproximada con su brazo izquierdo, y
Hensel se fijó que terminaba en un garfio de madera en vez de en una mano.

Encontraron a Lupos regateando con un joven delgado de aspecto demacrado. El estómago del mercader sobresalía por encima de su cinturón de cuerda, y en la cabeza tenía un sombrero de fieltro sin forma. En cuanto se dio cuenta de la presencia de Marius y Hensel su ceño fruncido se convirtió en una sonrisa.

¡Ah, más habitantes para Nido de Asesinos!”exclamó, echando a un lado al joven y abriendo los brazos.

Necesitamos hombres y suministros,”dijo Marius sin preámbulos, entrando en el establo para ponerse delante del obeso comerciante.

Si tenéis el dinero, yo tengo el tiempo, -se rió Lupos, poniendo una mano sobre el hombro de Marius, que éste se sacudió rápidamente con un gruñido.- Admito coronas, trueques o piedra bruja,”añadió el mercader.

¿Piedra bruja?”preguntó Marius, mientras entrecerraba los ojos peligrosamente.

Si, piedra bruja. Cura a los enfermos, convierte el plomo en oro y el agua en vino, con toda seguridad. El regalo de los dioses, o eso dicen”,contestó Lupos con un guiño exagerado.

¡Los dioses de la anarquía y el pecado! -exclamó Marius.- ¡Es la corrupción encarnada, la maldad en persona, el Caos en forma sólida! Quema el alma y abrasa la mente. Pudre y corrompe a quien la posee ¡Tocarla es invitar a la propia condenación! Pagaré por tus servicios con oro limpio y honesto. Este lugar apesta a corrupción. La decadencia y el Caos te rodean. Purificaré este lugar con fuego y espada, ¡y que Sigmar me ayude!”

¿Lo harás? -preguntó Lupos con una mirada de incredulidad- Ya veremos, ya veremos.”

¡Ya lo verás, gordo idiota! -dijo Marius en un susurro mientras agarraba el cuello de Lupos con una mano y señalaba la cicatriz que tenía en el suyo propio con la otra. El Mancillado me dio este recuerdo de sus Oscuras Artes. Eso y el recuerdo de mi familia muriendo a sus manos, ¡Él y todos los de su ralea morirán antes de que ceje en mi empeño!” 

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