martes, 10 de junio de 2014

Flor de Lis (Relato-no-tan-clásico)

Lambert de Lillaz cabalgaba por un estrecho sendero en el mismo corazón del Bosque de Chalons. Bajo la densa capa de ramas y hojas, la luz del sol quedaba reducida a un fulgor gris, pero no era difícil seguir el rastro del que estaba persiguiendo. Parecía que no intentaba ocultarse. ¡Debía ser un villano muy arrogante para no temer la justa venganza de los Caballeros de Bretonia!

Esa misma mañana, durante la larga búsqueda del Grial, Lambert había pasado por un poblado de leñadores en el mismo lindero del bosque. ¡Sus pobres habitantes le habían suplicado que les liberara del Caballero Rojo de Chalons! Le contaron desesperados cómo ese terrible guerrero había aparecido las cuatro últimas noches para llevarse a sus hijos e hijas. Montaba un enorme caballo de guerra negro y llevaba una armadura roja. El dibujo de su escudo era un Dragón Negro sobre un campo rojo. Lambert lo reconoció como uno de los Caballeros Malditos de las Montañas Grises. Desde luego, pensó, era una prueba puesta por la Dama en su búsqueda del Grial, por lo que entró en el bosque.



 Bajo la decreciente luz del atardecer, el sendero le condujo a un claro, ¡y allí estaba! De pie, en el centro de un pequeño calvero, su oponente parecía estar esperándole. Su yelmo estaba en el suelo, por lo que Lambert pudo ver su larga melena negra de pelo lacio, que contrastaba intensamente con sus pálidos rasgos y su armadura de placas carmesí. El Caballero Sangriento sonrió enigmáticamente mientras examinaba a Lambert como si se tratara de un camino abierto hacia el claro.

- Soy Lambert de Lilaz, Caballero de Bretonia. Monta en tu corcel y prepárate a luchar. ¡Que la Dama me conceda la fuerza necesaria para abatirte y acabar con tus malignos actos! - fue el orgulloso desafío del caballero andante.

Después de unos cuantos segundos de tenso silencio, el caballero rojo habó con voz tranquila y confiada. - No deberías preocuparte por los plebeyos , joven Lambert. No merece la pena que te arriesgues por ellos. Esta lucha no tiene sentido: no tienes posibilidades de derrotarme y no tengo ningún interés en un enfrentamiento tan desigual. Además, ya estoy saciado con la sangre de esos campesinos y no necesito quitarte la vida. Márchate, muchacho. -

¡Qué arrogancia!, pensó Lambert; y un profundo sentimiento de furia le embargó. Bajó su lanza, y, espoleando a su caballo de guerra, cargó contra el vampiro gritando - ¡por la Dama y el Rey! - el caballero rojo no se movió y la lanza acertó en su objetivo. El asta se partió cuando el caballero sobrepasó galopando a su oponente. El bretoniano se sintió inmediatamente henchido de orgullo: Todos los oponentes a los que había atacado de esa manera habían quedado atravesados y habían muerto por la irresistible fuerza de su lanza. ¡Nada podía resistir un impacto tan terrible! Lambert detuvo su caballo y se dio la vuelta.

El vampiro estaba todavía de pie. La lanza le había penetrado en el pecho justo debajo de la clavícula u la punta salía por detrás, bajo el omóplato. La criatura se giró lentamente hacia Lambert, sacó el grueso mástil de la herida y lo tiró con un desdén sobrenatural. Solo brotó de su pecho herido un ligero hilo de sangre. - Una buena muestra de cómo realizar una justa, caballero de Bretonia. Pero te dije que no puedes ganar este combate. No lo volveré a repetir. Ahora que estás vivo, vete. -



Lambert estaba asombrado de la resistencia del vampiro y sintió un deseo irrefrenable de alejarse todo lo que fuera posible de un enemigo tan poderoso; pero intentó dominar su miedo y respondió, - Quizás estés en lo cierto, criatura de la noche. Quizás no pueda derrotarte. Pero soy un Caballero y nunca romperé mi código de honor. ¡Antes muerto que cobarde! ¡Defendeos! - Desenvainando su espada, Lambert atacó de nuevo. cuando llegó al enemigo, blandió su espada en un amplio y letal arco con toda la fuerza de su brazo y le cargó con su caballo de guerra.

Esta vez el vampiro reaccionó. Con una velocidad increíble, su mano izquierda agarrṕ la muñeca de Lambert mientras que la derecha detenía con facilidad la carga del caballo de guerra. durante un segundo, los dos guerreros se miraron a los ojos. Al mirar aquellos pozos de antigua oscuridad, Lambert comprendió que había poderes en este mundo contra los que él era menos que nada.

Entonces el vampiro lo desmontó y lo lanzó contra los árboles como si fuera una marioneta. Lambert chocó contra un árbol y la oscuridad le envolvió.

Cuando abrió los ojos, vio al caballero rojo delante de él con una triste sonrisa en los labios. Lambert se dio cuenta de que había sido arrojado sobre la silla de montar de su propio caballo. intentó moverse, pero su cuerpo estalló de dolor y sus músculos no le respondieron.

- Te perdono la vida, Lambert. Luchas con valor. Abandono el bosque; has salvado la vida de tus preciados campesinos., por lo que tu orgullo está intacto. Ahora, deja que tu magnífica montura te lleve al poblado. Allí descansarás y te curarás y, de ese modo, podrás continuar tu búsqueda. Si la completas, te convertirás en un oponente mucho más interesante y quizás libremos un duelo más justo si nos encontramos de nuevo. Mi nombre es Caleb, de la Orden del Dragón Sangriento, y, si has aprendido algode la experiencia de esta noche, no me seguirás hasta que estés preparado. Buena suerte, Caballero de Bretonia. -

Después de que el vampiro desapareciera en la oscuridad, Lambert se dio cuenta de que sí había aprendido algo. Le habían enseñado una lección dura, pero necesaria. Solo ahora había comprendido que carecía de una de las virtudes de caballero más importantes: para alcanzar la perfección y ver el Grial, un Caballero debe ser humilde. Le agradeció a la Dama la revelación y se desvaneció de nuevo.

Caleb observó al joven caballero vencido hasta que su caballo le llevó fuera de su vista. El vampiro no podía evitar el sentimiento de que, en el futuro, se volvería a encontrar con Lambert de nuevo y que podría arrepentirse de no haber acabado con él ahora. Había luchado lo bastante como para saber que no se debe subestimar a los Caballeros del Grial, pero algo en su sangre maldita le instó a que no lo hiciera, pues no hay ningún orgullo en ganar un combate desequilibrado.

Además, ese chico le recordó un pasado distante, cuando todavía no estaba condenado a beber sangre de los humanos para poder sobrevivir. El Caballero Rojo intentó apartar esos inquietantes pensamientos de su mente, montó en su caballo de guerra de color negro y se alejó del bosque.

La luz de la luna llena se reflejó en el escudo de Caleb revelando solo por un instante su vieja insignia, un blasón que había sido cubierto por el icono de los Dragones sangrientos mucho tiempo atrás.

Era una Flor de Lis.

4 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Cometí un fallo en publicación, ya está corregido.

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  2. Por cosas como esta mi ejercito es Dragon Sangriento... El honor ante todo

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    1. La cosa es que unos tienen su vista puesta en el futuro y otros en el pasado...

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